A
mis siete años, nació mi hermano menor: Ángel Eduardo. Recuerdo que mis papás
nos despertaron de noche porque mamá tenía dolores y mi papá se la llevó un
taxi. Armando y yo nos quedamos toda la noche frente al ventanal que daba hacia
la calle, esperando que de cualquier taxi que llegase bajara mi mamá con mi
hermanito (o hermanita). Mientras, peleábamos por ver si sería niña o niño.
Llovía a cántaros, pero a pesar de eso, y el frío, no nos apartamos de la
ventana. En la mañana llegó mi papá y nos dijo que mama estaba en el hospital.
Cuando volvió con el bebé, lloré, pues yo quería una hermanita. Pero quiero
mucho a mi hermano.
De
bebé tenía cabello lacio, largo y ojos rasgados, de aquí empezamos a decirle
que era adoptado para molestarlo, pues no se parecía a mis papás.
También
nos bailaba, le encantaba moverse con la música.
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