viernes, 17 de junio de 2016

UNA ANÉCDOTA  FELIZ

A mis siete años, nació mi hermano menor: Ángel Eduardo. Recuerdo que mis papás nos despertaron de noche porque mamá tenía dolores y mi papá se la llevó un taxi. Armando y yo nos quedamos toda la noche frente al ventanal que daba hacia la calle, esperando que de cualquier taxi que llegase bajara mi mamá con mi hermanito (o hermanita). Mientras, peleábamos por ver si sería niña o niño. Llovía a cántaros, pero a pesar de eso, y el frío, no nos apartamos de la ventana. En la mañana llegó mi papá y nos dijo que mama estaba en el hospital. Cuando volvió con el bebé, lloré, pues yo quería una hermanita. Pero quiero mucho a mi hermano.
De bebé tenía cabello lacio, largo y ojos rasgados, de aquí empezamos a decirle que era adoptado para molestarlo, pues no se parecía a mis papás.

También nos bailaba, le encantaba moverse con la música.  

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