viernes, 17 de junio de 2016

UNA ANÉCDOTA TRISTE

En el aniversario de la muerte de un maestro que no conocía. Su familia estaba allí y en honor del maestro cantamos “Amor eterno”. Vi a su hijo, y cuando él me encontró la mirada lloró. Tengo esa imagen grabada en la mente porque sentía que era mi culpa que llorara. Después descubrí el poder de la música sobre las personas.


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